Capítulo 9
UN LUGAR DONDE ESCONDERSE
Todo parecía confuso, lento. Harry y Hermione saltaron sobre sus pies y esgrimieron sus varitas. Muchas personas se estaban dando cuenta ahora de que algo raro había ocurrido; algunas cabezas todavía se estaban volviendo hacia el gato plateado cuando desapareció. El silencio se extendió hacia fuera en frías ondas desde el lugar en que había aparecido el Patronus. Entonces alguien gritó.
Harry y Hermione se lanzaron entre la multitud despavorida. Los invitados corrían en todas direcciones; muchos Desaparecían; los encantamientos protectores que había alrededor de
-¡Ron! –lloró Hermione-. Ron, ¿dónde estás?
Mientras se abrían paso a empujones hasta el otro lado de la pista de baile, Harry vio como unas figuras enmascaradas salían de entre la multitud; luego vio a Lupin y Tonks, con sus varitas levantadas, y escuchó que ambos gritaban, "¡Protego!", grito que resonó por todas partes
- ¡Ron! ¡Ron! –llamó Hermione medio sollozando, al ser envueltos por los aterrorizados invitados. Harry la estaba cogiendo de la mano para asegurarse de que no fueran separados, cuando una línea de la luz zumbó sobre sus cabezas, aunque no supo si era un encantamiento protector o algo más siniestro.
En ese momento apareció Ron. Cogió el brazo libre de Hermione, y Harry la sintió girar sobre sí misma; la visión y el sonido se extinguieron mientras la obscuridad se cernía sobre él; todo lo que podía sentir era la mano de Hermione mientras era lanzado a través de espacio y tiempo, lejos de
-¿Dónde estamos? –dijo la voz de Ron.
Harry abrió los ojos. Por un momento, pensó que no habían abandonado la boda, después de todo; todavía parecían estar rodeados de gente.
-En Tottenham Court Road –jadeó Hermione-. Camina, simplemente camina, tenemos que encontrar un sitio para que os cambiéis.
Harry hizo lo que le decía. Medio anduvieron medio corrieron subiendo la amplia y oscura calle, atestada de trasnochadores y llena de tiendas cerradas, mientras las estrellas brillaban sobre ellos.
Un autobús de dos pisos rugió al pasar y un grupo de parroquianos alegres se los comieron con los ojos cuando pasaron; Harry y Ron todavía llevaban sus túnicas de etiqueta.
-Hermione, no tenemos nada para cambiarnos, -dijo Ron, cuando una mujer joven se echó a reir tontamente al verle.
-¿Por qué no me habré asegurado de traerme la capa de invisibilidad? -dijo Harry, maldiciendo interiormente su propia estupidez-. Todo el año pasado la llevé encima y …
-Está bien, tengo la capa, tengo ropa para los dos - dijo Hermione-. Sólo tratad de actuar con naturalidad hasta … esto servirá.
Los condujo a una calle lateral, y luego a la protección de un callejón sombrío.
-Cuando dices que tienes la capa, y la ropa ... –dijo Harry, frunciendo el ceño a Hermione, que no llevaba nada salvo su pequeño bolso bordado, en el que rebuscaba en ese momento.
-Si, aquí están -dijo Hermione, y para absoluto asombro de Harry y Ron, sacó un par de vaqueros, una camiseta gruesa, algunos calcetines granates, y finalmente la plateada capa de invisibilidad.
-¿Cómo demonios…?"
-Encantamiento de Extensión Indetectable -dijo Hermione-. Difícil, pero creo que lo he hecho bien; en cualquier caso, me las arreglé para meter aquí todo lo que necesitamos. -Dio una pequeña sacudida a la aparentemente frágil bolsa, que resonó como si fuera un cargamento con varios objetos pesados rodando dentro.
-Oh, maldición, eso deben ser los libros -dijo, mirándolo con atención-. Y los tenía todos apilados por tema ... En fin ... Harry, es mejor que cojas tú la capa de invisibilidad. Ron, date prisa y cámbiate ...
-¿Cuándo hiciste todo esto? – preguntó Harry mientras Ron se desvestía.
-Te lo dije en
-Eres asombrosa, de verdad que si, -dijo Ron, pasándole su túnica enrollada.
-Gracias -dijo Hermione, con una pequeña sonrisa, mientras empujaba las túnicas en la bolsa-. ¡Por favor, Harry, ponte esa capa!
Harry le lanzó
-Los demás …toda la gente de la boda…
-No podemos preocuparnos por eso ahora -cuchicheó Hermione-. Van tras de ti, Harry, y si volvemos lo único que conseguiremos será ponerlos a todos aún en más peligro.
-Tiene razón – dijo Ron, que parecía saber que Harry estaba a punto de discutir, incluso sin poderle ver la cara-. La mayor parte de
Harry asintió con la cabeza, luego recordó que no podían verlo y dijo
-Sí.
Pero pensó en Ginny, y el miedo burbujeó como ácido en su estómago.
-Vamos, creo que deberíamos mantenernos en movimiento - dijo Hermione.
Retrocedieron por la calle lateral y de nuevo por la carretera principal, donde un grupo de hombres cantaba y ondeaban los brazos en la acera de enfrente.
-¿Sólo por curiosidad, por qué Tottenham Court Road? -preguntó Ron a Hermione.
-No tengo ni idea, fue lo primero que me vino a mi cabeza, pero estoy segura de que estaremos más seguros en el mundo muggle, donde no esperarán que estemos.
-Es cierto -dijo Ron, mirando a su alrededor-. Pero ¿tú no te sientes un poco … expuesta?
-¿Dónde más podríamos ir? -preguntó Hermione, encogiéndose cuando los hombres del otro lado de la calle empezaron a aullarle como lobos-. Difícilmente podemos reservar habitaciones en el Caldero Chorreante, ¿no? Y Grimmauld Place está descartado, ya que Snape puede ir allí. . . . Supongo que podríamos probar en casa de mis padres, pero creo que hay una posibilidad de que lo comprueben. . . . Oh, ¡por qué no se callarán!
-¿Y bien, querida? -el más borracho de los hombres del otro lado estaba gritando-. ¿Quieres un trago? ¡Abandona al pelirrojo y ven y tómate una pinta!
-Vamos a sentarnos en algún sitio -dijoHermione apresuradamente cuando Ron abrió la boca para responder gritando al otro lado de la calle. Mirad, ¡esto servirá, entrad aquí!
Era un café nocturno pequeño y gastado. Un ligera capa de grasa yacía sobre todas las mesas acabadas en formica, pero por lo menos estaba vacío. Harry entró a un reservado, y Ron se sentó junto a él, frente a Hermione, que quedó de espaldas a la entrada, lo que no pareció gustarle; echaba vistazos por encima del hombro tan frecuentemente parecía tener un tic. A Harry no le gustaba que estuvieran quietos; caminar les había dado la ilusión de que tener un objetivo. Debajo de la capa podía sentir los últimos vestigios de
Después de uno o dos minutos, Ron dijo:
-Sabéis, no estamos lejos del Caldero Chorreante, está en Charing Cross…
-¡Ron, no podemos'! –dijo Hermione inmediatamente.
-No digo quedarnos allí, pero sí averiguar qué está ocurriendo!
-¡Sabemos qué esta ocurriendo! Voldemort ha tomado el Ministerio, ¿qué más necesitamos saber?
-Vale, vale, ¡era sólo una idea! -Cayeron en un silencio espinoso. La camarera, que masticaba chicle, les atendió, y Hermione pidió dos capuchinos: como Harry era invisible, podría haber parecido raro pedirle uno. Un par de obreros fornidos entró en el café y se metió en el reservado de al lado. Hermione redujo su voz a un susurro.
-Yo digo que encontremos un lugar tranquilo para Desaparecernos y dirigirnos hacia el campo. En cuanto estamos allí, podremos enviar un mensaje a
-He estado practicando, y creo que sí –dijo Hermione.
-Bueno, mientras eso no les cause problemas, aunque deben haber sido arrestados ya. Dios, esto está asqueroso -añadió Ron después de dar un sorbo al espumoso café grisáceo. La camarera le había oído; le echó a Ron una mirada rencorosa mientras se dirigía a atender a los nuevos clientes. El más grande de los dos obreros, que era rubio e inmenso, ahora que Harry lo miraba, la apartó. Ella le miró fijamente, ofendida.
-Vámonos entonces, no quiero beberme esta mugre –dijo Ron-. Hermione, ¿tienes dinero Muggle para pagar esto?
-Sí, saqué todos mis ahorros de
Los dos obreros hicieron idénticos movimientos, y Harry los imitó inconscientemente: los tres esgrimieron sus varitas. Ron, que tardó unos segundos en darse cuenta de lo qué estaba pasando, arremetió hacia al otro lado de la mesa, empujando a Hermione al otro lado de su banco. Los impactos de los hechizos de los mortífagos hicieron añicos el mosaico de la pared justo donde había estado la cabeza de Ron, mientras Harry, todavía invisible, gritó,
-¡Desmanius!
El enorme mortífago rubio fue golpeado en la cara por un rayo de la luz roja: se desplomó lateralmente, inconsciente. Su compañero, incapaz de ver quién había lanzado el hechizo, disparó otro a Ron: brillantes cuerdas negras volaron de su varita y ataron a Ron de pies a cabeza. La camarera gritó y corrió hacia la puerta. Harry envió otro Hechizo Aturdidor al mortífago de la cara torcida que había atado a Ron, pero el hechizo falló, rebotó en la ventana y golpeó a la camarera, que se desplomó delante de la puerta.
-¡Expulso! -gritó el mortífago, y la mesa detrás de la que estaba Harry explotó. La fuerza de la explosión le hizo golpearse contra la pared y sintió como la varita caía de su mano mientras se le soltaba la capa.
-¡Petrificus Totalus! -gritó Hermione desde fuera de su campo de visión, y el mortífago se desplomó como una estatua con un ruido sordo sobre los restos de loza, mesa, y café. Hermione salío gateando de debajo del banco, sacudiéndose del pelo los restos de cristal de un cenicero y temblando entera.
-D… diffindo, -dijo, apuntando su varita hacia Ron, que bramó de dolor cuando le cortó la rodilla de los vaqueros, dejando una profundo corte.
-Oh, lo siento tanto, Ron, ¡me tiembla la mano! ¡Diffindo!
Las cuerdas cayeron, cortadas. Ron se puso en pie, agitando los brazos para recuperar la sensibilidad. Harry recogió su varita y trepó sobre los escombros hacia el lugar donde el enorme mortífago rubio se había desplomado al otro lado del banco.
-Debería haberlo reconocido, estaba allí la noche en que Dumbledore murió -dijo. Giró al mortífago moreno con el pie; los ojos del hombre se movían rápidamente de Harry y Ron a Hermione rápidamente.
-Éste es Dolohov" –dijo Ron-. Lo reconozco de los antiguos carteles de “Se busca”. Creo que el grande es Thorfinn Rowle.
-¡No importa cómo se llamen! -dijo Hermione un poco histéricamente-. ¿Cómo nos encontraron? ¿Qué vamos a hacer?
De algún modo su pánico pareció despejar la cabeza de Harry.
-Cierra con llave la puerta -le dijo- Y Ron, tú apaga las luces.
Miró al paralizado Dolohov, pensando rápidamente mientras la cerradura hacía clic y Ron usaba el Desiluminador para dejar el café sumido en la obscuridad. Harry podía escuchar a los hombres que habían piropeado a Hermione gritar a otra chica en la distancia.
-¿Qué vamos a hacer con ellos? –le susurró Ron a Harry en la oscuridad; luego, incluso en voz más baja-, ¿Matarlos? Ellos nos habrían matado. Este es el mejor momento.
Hermione se estremeció y dio un paso atrás. Harry agitó la cabeza.
-Sólo tenemos que borrar sus memorias –dijo Harry-. Es mejor de ese modo, los dejará fuera de escena. Si los matáramos, sería obvio que hemos estado aquí.
-Tú eres el jefe -dijo Ron, que parecía enormemente aliviado-. Pero no he hecho nunca un Encantamiento Desmemorizador.
-Yo tampoco –dijo Hermione-. Pero sé la teoría.
Inspiró hondo para tranquilizarse, luego apuntó su varita mágica a la frente de Dolohov y dijo:
-Obliviate.
Inmediatamente, los ojos de Dolohov se volvieron desenfocados y soñadores.
-¡Brillante! -dijo Harry, dándole una palmada en la espalda-. Ocúpate del otro y de la camarera mientras Ron y yo limpiamos esto.
-¿Limpiar? -dijo Ron, mirando el café en parte destruido-. ¿Por qué?
-¿No crees que podrían preguntarse qué puede haber ocurrido si se despiertan y se encuentran en un lugar que parece que acaba de ser bombardeado?
-Oh, es verdad, sí. . .
Ron forcejeó durante un rato antes de conseguir extraer la varita de su bolsillo.
-No es raro que no pueda, Hermione, has encojido mis vaqueros viejos, me aprietan.
-Oh, lo siento tanto –siseó Hermione, y mientras arrastraba a la camarera fuera de la vista de las ventanas, Harry la escuchó farfullar una sugerencia respecto a dónde se podía clavar la varita Ron.
En cuanto el café fue devuelto a su condición previa, llevaron a los mortífagos de regreso a su reservado y los apoyaron mirándose el uno al otro
-¿Pero cómo nos encontraron? -preguntó Hermione, mirando de un hombre inerte al otro-. ¿Cómo supieron dónde estábamos?
Se volvió hacia Harry.
-Tu… no crees que lleves todavía el Rastro, ¿no, Harry?
-No puede ser –dijo Ron-. El Rastro acaba a los diecisiete, es
-Por lo que tú sabes –dijo Hermione-. ¿Y si los mortífagos han encontrado una forma de ponerlo sobre un joven de diecisiete años?
-Pero Harry no ha estado cerca de un mortífago en las últimas veinticuatro horas. ¿Quién se supone que podría haber vuelto a poner un Rastro sobre él?
Hermione no respondió. Harry se sentía contaminado, corrompido; ¿era realmente así cómo les habían encontrado los mortífagos?
-Si no puedo usar magia, y vosotros no podéis usar magia cerca de mí, sin revelar nuestra posición… -empezó.
-¡No nos vamos a separar! -dijo Hermione firmemente.
-Necesitamos un lugar seguro para escondernos –dijo Ron-. Danos tiempo para pensarlo.
-Grimmauld Place –dijo Harry.
Los otros dos se quedaron con la boca abierta.
-¡No seas absurdo, Harry, Snape puede aparecer por allí!
-El padre de Ron dijo que habían puesto sortilegios contra él… e incluso aunque no hayan funcionado… - continuó antes de que Hermione empezara a argumentar- ¿qué más da? Os lo juro, no hay nada que desee tanto como encontrarme a Snape.
-Pero…
-Hermione, ¿Qué otro sitio hay? Es la mejor elección que tenemos. Snape es un solo mortífago. Si todavía tienen el Rastro sobre mí, tendremos multitudes de ellos sobre nosotros allá donde vayamos.
No podía discutir eso, aunque se notaba que le hubiera gustado hacerlo. Mientras abría la puerta del café, Ron accionó el Desiluminador para dar luz de nuevo al café. Luego, a la cuenta de tres de Harry, deshicieron los hechizos sobre sus tres víctimas, y antes de que la camarera o cualquiera de los mortífagos pudieran hacer nada mas que removerse somnolientos, Harry, Ron y Hermione habían salido fuera y desaparecido en la oscuridad otra vez.
En unos segundos Harry dilataba sus pulmones agradecido, y abría los ojos, estaban en medio de una tristona y familiar plaza. Casas altas y ruinosas, los miraban desde todos los lados. El número doce era visible para ellos, puesto que Dumbledore, su Guardián Secreto, les había revelado su existencia, y se encaminaron inmediatamente hacia él, comprobando a cada metro que no les seguía nadie. Subieron los peldaños de piedra, y Harry golpeó la puerta principal una vez con su varita mágica. Escucharon una serie de clics metálicos y el ruido de una cadena, luego la puerta se abrió con un chirrido y se apresuraron a atravesar el umbral.
Cuando Harry cerró la puerta tras ellos, las lámparas de gas, pasadas de moda, volvieron a la vida, lanzando una luz parpadeante a lo largo de todo el pasillo. Era como Harry lo recordaba: extraña, tenebrosa, las filas de cabezas de elfos caseros en la pared lanzando sombras extrañas escaleras arriba. Unas largas cortinas oscuras ocultaban el retrato de la madre de Sirius. Lo único que estaba fuera de lugar era el paraguero con forma de pierna de troll, que estaba estando tendido de lado como si Tonks acabara de chocar con él.
-Creo que alguien ha estado aquí -cuchicheó Hermione, señalándolo con el dedo.
-Eso podía haber ocurrido cuando la orden partió –murmuró Ron en respuesta.
-¿Pero dónde están los sortilegios que pusieron contra Snape? –preguntó Harry.
-A lo mejor solamente se activan si aparece –sugirió Ron.
Todavía seguían los tres sobre el felpudo, con la espalda contra la puerta, temiendo internarse más en la casa.
-Bueno, no podemos quedarnos aquí para siempre- dijo Harry, y dio un paso adelante.
-¿Severus Snape?- susurró la voz de Ojoloco Moody en la oscuridad, haciendo que los tres saltaran hacia atrás aterrados.
-¡No somos Snape!- gruñó Harry, antes de que una especie de aire frío se abalanzara sobre y su lengua se enrollara sobre sí misma, haciéndole imposible hablar. Antes de que tuviera tiempo de sentirla dentro de su boca, sin embargo, su lengua se había desenrollado otra vez.
Los otros dos parecían haber experimentado la misma desagradable sensación. Ron estaba haciendo ruidos de vómito; Hermione dijo tartamudeando,
-¡Esto debe haber sido el Sortilegio de Lengua Atada que preparó Ojoloco para Snape!
Cautelosamente, Harry dio otro paso adelante. Algo se desplazó entre las sombras al fondo del vestibulo, y antes de que ninguno de ellos pudiera decir una palabra, una figura se alzó de la alfombra, alta, de color polvo, y terrible; Hermione gritó y lo mismo hizo
-¡No! -gritó Harry, y aunque había levantado su varita no se le ocurrió ningun hechizo-. ¡No! ¡No fuimos nosotros! No te matamos…
Tras la palabra matamos, la figura explotó en una gran nube de polvo. Tosiendo, con los ojos lloroso, Harry vió a Hermione agachada en el suelo, junto a la puerta, con los brazos sobre la cabeza, mientras Ron, temblando de pies a cabeza, le masajeaba torpemente la espalda diciendo,
- Todo va bien… se ha ido...
El polvo se arremolinó alrededor de Harry como si fuera niebla, a la luz azul de las lámparas de gas, mientras
-¡Sangresucia, mugre, manchas de deshonor, manchas de vergüenza sobre la casa de mis padres…
-¡Cállate! –bramó Harry, apuntándola con su varita, y con un golpe y una ráfaga de chispas rojas, las cortinas se cerraron otra vez, silenciándola.
-Eso... Eso ha sido... –gimió Hermione, mientras Ron la ayudaba a ponerse en pie.
-Sí –dijo Harry-, Pero no era realmente él, ¿no? Sólo algo para asustar a Snape.
¿Hubiera funcionado?, se preguntó Harry, ¿o habría afrontado Snape a la horrible figura tan tranquilamente como había acabado con el verdadero Dumbledore? Con los nervios todavía hormigueando, llevó a los otros dos hasta el final del pasillo, medio esperando a que un nuevo terror se revelara, pero nada se movió, salvo un ratón que pasó rozando el rodapié.
-Antes de que vayamos más lejos, creo que es mejor que comprobemos -cuchicheó Hermione, y levantó su varita, diciendo-. Homenum revelio.
Nada ocurrió.
-Bueno, acabas de sufrir un gran shock -dijo Ron generosamente-. ¿Qué se supone que debería haber hecho eso?
-¡Ha hecho lo que le he dicho que hiciera! –dijo Hermione algo enojada-. Era un hechizo para revelar la presencia humana, y no hay nadie aquí excepto nosotros!
-Y el viejo Polvoriento, -dijo Ron, echando una mirada a la mancha en la alfombra de la que el espectro se había levantado.
-Subamos -dijo Hermione, mirando asustada la misma mancha, y encabezó la marcha por las chirriantes escaleras hasta el salón del primer piso.
Hermione agitó su varita para encender las viejas lámparas de gas, luego, tiritando ligeramente en la fría habitación, se sentó sobre el sofá, rodeandose fuertemente con los brazos. Ron cruzó hasta la ventana y abrió las pesadas cortinas de terciopelo unos centímetros.
-No veo a nadie ahí fuera –informó-. Y uno pensaría que si Harry tuviera todavía un Rastro sobre él, nos habrían seguido hasta aquí. Sé que no pueden entrar en la casa, pero …¿Qué pasa, Harry?"
Harry había dado un grito de dolor, su cicatriz había ardido cuando algo destelló cruzando su mente como una luz brillante sobre el agua. Vio una gran sombra, y sintió una cólera que no era suya liberarse a través de su cuerpo, de forma violenta y breve como una descarga eléctrica.
-¿Qué has visto? –preguntó Ron, avanzando hacia Harry. - ¿Le viste en mi casa?
-No, sólo sentí su cólera... está realmente enfadado.
-Pero eso podía ser en
-No, sólo sentí la cólera … No podría decir…
Harry se sentía importunado, confuso, y Hermione no ayudó cuando dijo con voz asustada:
-¿Tu cicatriz, otra vez? ¿Pero qué está ocurriendo? ¡Pensaba que la conexión estaba cerrada!
-Lo estuvo, durante un tiempo, -farfulló Harry; la cicatriz todavía le dolía, lo que le hacía difícil concentrarse-. Creo que ha empezado a abrirse otra vez siempre que pierde el control, cómo solía...
-¡Pues entonces tienes que cerrar tu mente! -dijo Hermione estridentemente-. Harry, Dumbledore no quería que usaras esa conexión, quería que la cerraras ¡Por eso se supone que tenías que usar
-Sí, recuerdo, gracias, -dijo Harry apretando los dientes; no necesitaba que Hermione le recordara que Voldemort había usado la conexión entre ellos para llevarlo una vez a una trampa, ni que su resultado había sido la muerte de Sirius. Desearía no tener que decirles lo que había visto y sentido; eso hacía a Voldemort más amenazador, como si estuviera presionando contra la ventana de la habitación, y el dolor de su cicatriz persistía y luchó contra él: era como resistir la sensación de estar enfermo.
Dio la espalda a Ron y Hermione, fingiendo examinar el viejo tapiz con el árbol genealógico de los Black de la pared. Entonces Hermione chilló. Harry empuñó su varita de nuevo y dio media vuelta para ver un Patronus de plata pasar a través de la ventana de salón y aterrizar sobre el suelo enfrente de ellos, donde se solidificó en una comadreja que hablaba con la voz del padre de Ron.
-La familia está a salvo, no respondais, nos vigilan.
El Patronus se disolvió en la nada. Ron soltó un ruido entre un gemido y un quejido y se dejó caer en el sofá. Hermione se reunió con él, cogiéndole del brazo.
-Están bien, están todos bien -murmuró, y Ron medio se rió y la abrazó.
-Harry, -dijo por encima del hombro de Hermione-, Yo…
-No pasa nada -dijo Harry, asqueado por el dolor de cabeza-. Es tu familia, luego estabas preocupado. Yo me habría sentido igual. -Pensó en Ginny-. Yo me siento igual.
El dolor en su cicatriz estaba llegando a un máximo, quemando como lo había hecho en el jardín de
-No quiero parecer egoista pero, ¿podríamos usar los sacos de dormir que he traído y acampar aquí esta noche?
Escuchó a Ron mostrar su acuerdo. No podía luchar contra el dolor mucho más tiempo. Tuvo que sucumbir.
-Baño -farfulló, y dejó la habitación tan rápido como pudo sin correr.
Apenas lo consiguió: cerró con cerrojo la puerta detrás de él con las manos temblando, se agarró la palpitante cabeza y cayó al suelo, entonces, en una explosión de agonía, sintió la rabia que no le pertenecía poseer su alma, vio una habitación larga iluminada solamente por un fuego, y al enorme mortífago rubio en el suelo, gritando y retorciéndose, y una figura más pequeña estaba de pie sobre él, con la varita extendida, mientras Harry hablaba en una voz alta, fría y despiadada.
-Más, Rowle, ¿o terminamos ya y alimentas a Nagini? Lord Voldemort no está seguro de perdonar esta vez... ¿Me devuelves la llamada para esto, para decirme que Harry Potter se ha escapado otra vez? Draco, dale a Rowle otra muestra de nuestro desagrado... ¡Hazlo, o siente tú mi ira!"
Un tronco cayó al fuego, las llamas crecieron, y arrojaron luz sobre una cara blanca aterrorizada y puntiaguda… con la sensación de emerger de debajo del agua, Harry respiró profundamente y abrió los ojos.
Estaba despatarrado sobre el frío suelo de mármol negro, su nariz a centímetros de la cola de una de las serpientes plateadas que servían de soporte a la bañera grande. Se incorporó. La cara petrificada y demacrada de Malfoy parecía grabada a fuego en el interior de sus ojos. Harry se sentía asqueado por lo que había visto, por el uso que Voldemort estaba dando a Draco.
Sonó un agudo golpe en la puerta, y Harry saltó cuando la voz de Hermione resonó.
-Harry, ¿quieres tu cepillo de dientes? Lo tengo aquí.
-Si, genial, gracias, -dijo, luchando por mantener un tono informal mientras se levantaba para dejarla entrar.
3L
Capítulo 10
Harry se despertó temprano a la mañana siguiente, envuelto en una saco de dormir sobre el suelo del salón de dibujo. Un resquicio de cielo era visible entre las pesadas cortinas. Era de un frío y claro azul como de tinta aguada, en algún punto entre la noche y el amanecer, y todo estaba en silencio a excepción de las respiraciones lentas y profundas de Ron y Hermione. Harry echó un vistazo a las oscuras y largas siluetas tendidas en el suelo junto a él. Ron había tenido un detalle de galantería y había insistido en que Hermione durmiera sobre los cojines del sillón, por lo que su silueta destacaba por encima de la de el, con el brazo encorvado hacia el suelo y los dedos a pocas pulgadas de los de Ron. Harry se preguntó si se habrían quedado dormidos con las manos entrelazadas. Esa idea le hizo sentir extrañamente solitario.
Miro hacia arriba al ensombrecido techo, al candelabro lleno de telarañas. Menos de veinticuatro horas antes, había estado de pie a la luz del sol a la entrada de la carpa, esperando a los invitados de la boda para guiarlos a sus asientos. Parecía que desde entonces hubiera pasado toda una vida. ¿Qué pasaría ahora? Acostado en el suelo pensó en los Horrocruxes, en la intimidante y compleja misión que Dumbledore le había dejado… Dumbledore…
La pena que lo había abrumado desde la muerte de Dumbledore se sentía diferente ahora. Las acusaciones que había oído hacer a Muriel en la boda parecían haber anidado en su cerebro como algo enfermizo, contaminando los recuerdos que tenía del mago al que había idolatrado. ¿Podía Dumbledore haber dejado que sucedieran esas cosas? ¿Podía haber sido como Dudley, y haberse quedado tan contento presenciando tal negligencia y abuso mientras no le afectara a él? ¿Podía haber dado la espalda a su hermana a la que mantenían encarcelada y oculta?
Harry pensó en el Valle de Godric, en las tumbas que había allí y que Dumbledore nunca había mencionado; pensó en los misteriosos objetos dejados sin explicación en el testamento de Dumbledore, y allí en la oscuridad le invadió el resentimiento. ¿Por qué Dumbledore no se lo había contado? ¿Por qué no se lo había explicado? ¿De verdad Dumbledore se había preocupado por Harry? ¿O Harry no había sido para él mas que un instrumento a ser perfeccionado y afinado, pero sin fiarse de él, sin nunca confiar en él?
Harry no podía soportar yacer allí sin nada más que amargos pensamientos por compañía. Desesperado por hacer algo, por conseguir una distracción, se deslizó fuera del saco de dormir, cogió su varita, y se arrastró fuera de la habitación. En el descansillo susurró, “lumos”, y comenzó a subir las escaleras a la luz de la varita.
En el segundo descansillo se hallaba el dormitorio en el que él y Ron habían dormido la última vez que habían estado allí; miró dentro de la habitación. Las puertas del armario estaban abiertas y la ropa de cama había sido rasgada. Harry recordó la pierna de troll derribada en el piso de abajo. Alguien había registrado la casa después de que
Harry continuó subiendo las escaleras hasta que llegó al último descansillo donde solo había dos puertas. La que estaba frente a él llevaba una placa con la inscripción Sirius. Harry nunca antes había entrado en el dormitorio de su padrino. Abrió la puerta, sosteniendo la varita en alto para extender la luz lo máximo posible. La habitación era espaciosa y en algún momento debía haber sido elegante. Había una gran cama con una cabecera de madera labrada, una alta ventana oscurecida por largas cortinas de terciopelo y un candelabro densamente cubierto de polvo con restos de vela todavía descansando en sus soportes, y cera sólida colgando que había dejado regueros como escarcha. Una fina capa de polvo cubría los cuadros de las paredes y la cabecera de la cama; una tela de araña se extendía entre el candelabro y la parte de arriba del gran armario de madera, y al adentrarse Harry en la habitación, oyó como se escurrían los ratones al haberlos molestado.
El adolescente Sirius había empapelado las paredes con tantos carteles y fotos que muy poco de las paredes de seda gris acerada era visible. Harry solo podía asumir que los padres de Sirius no habían sido capaces de eliminar el Encantamiento de Adherencia Permanente que los mantenía en la pared porque estaba seguro que no debían haber apreciado el gusto en decoración de su hijo mayor. Parecía que el único propósito de Sirius había sido buscar la forma de fastidiar a sus padres. Había varios grandes estandartes de Gryffindor, de un desvaído color rojo, colgados con el único propósito de subrayar su diferencia frente el resto de la familia Slytherin. Había varias fotos de motos muggle, y también (Harry tenía que admirar la sangre fría de Sirius) varios carteles de chicas muggle en bikini. Podía afirmar que eran muggles porque permanecían inmóviles en sus fotos, con marchitas sonrisas y satinados ojos congelados en el papel. Esto contrastaba con la única foto encantada que había sobre la pared que era una foto de cuatro estudiantes de Hogwarts de pie unos junto a otros, sonriendo a la cámara.
Con un sobresalto de placer, Harry reconoció a su padre, su alborotado cabello negro peinado hacia atrás como el de Harry, y él también llevaba gafas. Junto a él estaba Sirius, despreocupadamente apuesto, su rostro ligeramente arrogante mucho más joven y feliz de lo que Harry le había visto nunca en vida. A la derecha de Sirius, se hallaba Pettigrew, más de una cabeza más bajo, regordete y con los ojos llorosos, sonrojado por el placer de ser incluído en la más estupenda de las pandillas, con los muy admirados rebeldes que James y Sirius habían sido. A la izquierda de James estaba Lupin, aún entonces se veía le algo desarrapado, pero con el mismo aire de deleitada sorpresa de encontrase a sí mismo querido y aceptado… ¿o tal vez era simplemente que Harry sabía como habían sido las cosas y por eso podía verlo en el retrato? Trató de quitarlo de la pared; después de todo, era suyo ahora, Sirius le había dejado todo, pero no pudo moverlo. Sirius no había dejado nada al azar en su prevención por que sus padres redecoraran la habitación.
Harry miro alrededor por el suelo. El cielo afuera se estaba aclarando. Un rayo de luz reveló trozos de papel, libros, y pequeños objetos desparramados sobre la alfombra. Evidentemente la habitación de Sirius también había sido revisada, aunque su contenido parecía haber sido juzgado en su mayor parte, aunque no enteramente, sin valor. Algunos de los libros habían sido sacudidos tan rudamente como para arrancarles las tapas y esparcirlas junto a varias páginas por el suelo.
Harry se agachó, levantó unos pocos trozos de papel, y los examinó. Reconoció uno como parte de una vieja edición de Historia de
Querido Canuto
¡Gracias, gracias, por el regalo de cumpleaños de Harry! Fue su preferido de lejos. Apenas tiene un año y ya se eleva rápidamente sobre la escoba de juguete, se le veía tan complacido consigo mismo. Te adjunto una fotografía para que lo veas. Sabes que solo se eleva unos dos pies del piso pero casi mata al gato y destrozó un jarrón horrible que Petunia me envío por navidad (no me quejo de esto). Por supuesto que James creyó que había sido muy gracioso, dice que va a ser un gran jugador de Quidditch, pero tendremos que guardar todos los adornos y asegurarnos de no apartar los ojos de él mientras está en ello.
Tuvimos un muy tranquilo té de cumpleaños, solo nosotros y la vieja Bathilda que siempre fue muy dulce con nosotros y se le cae la baba con Harry. Sentimos tanto que no pudieras venir, pero
Bathilda nos visita casi todos lo días, es una viejecita fascinante que cuenta historias de lo más fantásticas acerca de Dumbledore. ¡No estoy segura de si a él le agradaría mucho si se enterara! De hecho, no se cuanto creerle, porque parece increíble que Dumbledore
A Harry le pareció que las extremidades se le habían entumecido. Se quedó inmóvil allí de pie, sosteniendo el milagroso papel entre los dedos insensibles mientras dentro de él una especie de erupción silenciosa emandaba alegría y pena que retumbaba en igual medida a través de sus venas. Caminó tambaleándose hasta la cama, y se sentó.
Volvió a leer la carta, pero no pudo encontrarle otro significado que el que ya le había encontrado la primera vez, y se vio reducido a mirar fijamente la caligrafía en sí misma. Hacia las “g” igual que él. Buscó en la carta cada una de ellas, y sintió cada una como una amistosa pequeña ola entrevista a través de un velo. La carta era un tesoro increíble, prueba de que Lily Poter había vivido, realmente vivido, que su cálida mano alguna vez se había movido por este pergamino, trazando con tinta estas letras, estas palabras, palabras que se referían a él, Harry, su hijo.
Limpiándose las lágrimas de los ojos con impaciencia, volvió a leer la carta una vez más, esta vez concentrándose en el significado. Era como escuchar una voz recordada a medias.
Habían tenido un gato… tal vez hubiera muerto, como sus padres en el Valle de Godric… o si no tal vez hubiera huido cuando no quedo nadie que lo alimentara… Sirius le había comprado su primera escoba… Sus padres habían conocido a Bathilda Bagshort; ¿Los habría presentado Dumbledore? Dumbledore todavía tiene su Capa de Invisibilidad… Había algo extraño ahí…
Harry hizo una pausa ponderando las palabras de su madre. ¿Por qué Dumbledore había tomado
Gusano estuvo aquí… Pettigrew, el traidor, había parecido “triste” ¿lo habría estado? ¿Habría sido consciente de que veía a James y a Lily con vida por última vez?
Y finalmente Bathilda otra vez, que contaba historias increíbles acerca de Dumbledore. Parece increíble que Dumbledore…
¿Qué Dumbledore qué? Pero había un gran número de cosas que podrían parecer increíbles acerca de Dumbledore; que alguna vez hubiera recibido bajas calificaciones en un Exámen de Transfiguración, por ejemplo o que se hubiera sentido inclinado a encantar de cabras como Aberforth…
Harry se levantó y examinó el suelo, tal vez el resto de la carta estuviera por allí en alguna parte. Agarró papeles, tratándolos, en su avidez, con tan poca consideración como el que los había examinado en primer lugar, abrió cajones, sacudió libros, se puso de pie sobre una silla para pasar la mano por encima del armario, y gateó debajo de la cama y del sillón.
Al final, yaciendo boca abajo sobre el piso, divisó lo que parecía un pedazo de papel roto debajo del juego de cajones. Cuando lo tomó, resultó ser gran parte de la fotografía que Lily había descrito en la carta. Un bebé de cabello negro se elevaba rápidamente dentro y fuera de la fotografía en una pequeña escoba, rugiendo de risa, y un par de piernas que debían pertenecer a James lo perseguían. Harry se metió la fotografía en el bolsillo junto con la carta de Lily y continuó buscando la segunda hoja.
No obstante, después de un cuarto de hora, se vio forzado a concluir que el resto de la carta de su madre había desaparecido. ¿Sencillamente se había perdido en los dieciséis años que habían pasado desde que había sido escrita, o se la había llevado quienquiera que fuera que había registrado la habitación? Harry volvió a leer la primera hoja nuevamente, esta vez buscando pistas de que podría haber hecho que la segunda hoja fuera de valor. Su escoba de juguete difícilmente pudiera ser considerada interesante por los mortífagos… la única cosa potencialmente útil que podía ver en ella era que contuviera posible información acerca de Dumbledore. Parece increíble que Dumbledore… ¿Qué?
-¿Harry? ¿Harry? ¿Harry?
-¡Aquí estoy! –gritó-. ¿Qué pasa?
Hubo un estruendo de pisadas fuera de la puerta, y Hermione irrumpió en la habitación.
-¡Nos despertamos y no sabíamos donde estabas! –dijo sin aliento-. Se dio la vuelta y gritó sobre el hombro- ¡Ron! Lo encontré.
La voz fastidiada de Ron hizo eco en la distancia, varios pisos por debajo.
-¡Bien! ¡Dile de mi parte que es un imbécil!
-Harry por favor no desaparezcas de esa forma, ¡estábamos aterrados! ¿Para que subiste aquí ya que estamos? –Miró alrededor de la saqueada habitación-. ¿Qué has estado haciendo?
-Mira lo que acabo de encontrar.
Le tendió la carta de su madre. Hermione la tomó y la leyó mientras Harry la observaba. Cuando llegó al final de la página levantó la vista hacia él.
-Oh Harry…
-Y también encontré esto.
Le entregó la fotografía rasgada, y Hermione sonrió ante el bebé elevándose que aparecía y desaparecía de la vista sobre la escoba de juguete.
-He estado buscando el resto de la carta, -dijo Harry-, pero no está aquí.
Hermione miro a su alrededor.
-¿Tú has montado todo este lío, o ya estaba así cuando llegaste?
-Alguien estuvo registrando antes que yo, -dijo Harry.
-Eso me pareció. Cada habitación en la que he mirado de camino hacia arriba había sido desordenada. ¿Que crees que pueden haber estado buscando?
-Información acerca de
-Pero se podría pensar que ya tiene toda la que necesita. Quiero decir, él era parte de
-Bueno entonces, -dijo Harry, ansioso por discutir su teoría-, ¿Podría ser información acerca de Dumbledore? La segunda hoja de la carta, por ejemplo. Ves esta Bathilda a la que mi madre menciona, ¿sabes quien es?
-¿Quién?
-Bathilda Bagshort, la autora de…
-Historia de
-Y aún está con vida, -dijo Harry-, y vive en el Valle de Godric. La tía de Ron, Muriel habló de ella en la boda. También conocía a la familia de Dumbledore. Sería muy interesante hablar con ella, ¿no es así? –Para el gusto de Harry, había demasiado entendimiento en la sonrisa que Hermione le dedicó. Recuperó la carta y la fotografía y las puso dentro del saquito que tenía alrededor del cuello, para no tener que mirarla y ponerse en evidencia.
-Entiendo porque te gustaría hablar con ella, acerca de tu madre y tu padre y de Dumbledore también, -dijo Hermione-. Pero eso en realidad no nos ayudará en nuestra búsqueda de los Horrocruxes, ¿verdad? –Harry no respondió, y ella se apresuró a continuar-, Harry, sé que realmente deseas ir al Valle de Godric, pero me asusta. Me asusta cuan fácilmente nos encontraron esos mortífagos ayer. Solo hace que me sienta más segura que nunca de que debemos evitar el lugar donde tus padres están enterrados, estoy segura que están esperando a que lo visites.
-No es solo eso, -dijo Harry, aún evitando mirarla-, en la boda, Muriel dijo cosas acerca de Dumbledore. Quiero saber la verdad…
Le contó a Hermione todo lo que Muriel le había dicho. Cuando hubo terminado, Hermione dijo,
-Por supuesto, que puedo ver porque eso te trastornó, Harry…
-No estoy trastornado, -mintió-, Solo me gustaría saber si es cierto o no…
-Harry, ¿Realmente crees que obtendrás la verdad de una vieja mujer maliciosa como Muriel, o de Rita Skeeter? ¿Cómo puedes creer en ellas? ¡Conociste a Dumbledore!
-Creí que le conocía, -murmuró.
-¡Pero sabes cuanta verdad había en todo lo que Rita escribió acerca de ti! Doge está en lo cierto, ¿Cómo puedes dejar que esta gente empañen tus recuerdos de Dumbledore?
El apartó la mirada, intentando no demostrar el resentimiento que sentía. Allí estaba otra vez: Escoge en que creer. Quería la verdad. ¿Por qué estaba todo el mundo tan determinado a que no la obtuviera?
-¿Te parece que bajemos a la cocina? –Sugirió Hermione después de una pequeña pausa-. ¿A buscar algo de desayunar?
Accedió, pero de mala gana, y la siguió al descansillo y más allá vio la segunda puerta que daba al rellano. Había profundas marcas de arañazos en la pintura debajo de un pequeño letrero en el que no había reparado en la oscuridad. Cruzó el rellano para leerlo. Era un pequeño letrero pomposo, escrito con prolija letra manuscrita, el tipo de cosa que Percy Weasley podría haber pegado en la puerta de su dormitorio.
No entrar
Sin el expreso permiso de
Regulus Arcturus Black
Harry se vio invadido por la excitación, pero no se dio cuenta enseguida del porque. Volvió a leer el letrero. Hermione ya estaba un tramo de escaleras por debajo de él.
-Hermione, -dijo, y se sorprendió de que su voz sonara tan calmada-. Vuelve a subir aquí.
-¿Qué pasa?
-R.A.B. Creo que lo he encontrado.
Se oyó un jadeo, y luego Hermione que subía corriendo las escaleras.
-¿En la carta de tu madre? Pero no vi…
Harry negó con la cabeza, señalando al letrero de Regulus. Ella lo leyó, luego cogió a Harry por el brazo, con tanta fuerza que este dio un respingo.
-¿El hermano de Sirius? –susurró.
-Era un mortífago, -dijo Harry-. Sirius me habló de él, se unió a ellos cuando era verdaderamente joven y luego se arrepintió y trato de abandonar… por lo que lo mataron.
-¡Eso encaja! –Jadeó Hermione-. ¡Si era un mortífago tenía acceso a Voldemort, y si se sintió desencantado, entonces podría haber deseado la caída de Voldemort!
Soltó a Harry, se inclinó sobre la barandilla, y gritó,
-¡Ron! ¡RON! ¡Sube, rápido!
Un minuto después apareció Ron resoplando, con la varita lista en la mano.
-¿Qué pasa? Si son voluminosas arañas otra vez quiero desayunar antes de…
Frunció el ceño ante el letrero que Hermione estaba señalando silenciosamente en la puerta de Regulus.
-¿Qué? Ese era el hermano de Sirius, ¿verdad? Regulus Arcturus… Regulus… ¡R.A.B! El relicario… ¿Suponen que…?
-Averigüémoslo, -dijo Harry. Empujo la puerta; estaba cerrada. Hermione apuntó el picaporte con la varita y dijo, -Alohomora. Se oyó un clic, y la puerta se abrió.
Avanzaron juntos por el umbral, mirando alrededor. El dormitorio de Regulus era ligeramente más pequeño que el de Sirius, aunque producía la misma sensación de antigua grandeza. Mientras Sirius había intentado exponer sus diferencias con el resto de la familia, Regulus se había esforzado por enfatizar lo opuesto. Los colores de Slytherin, verde esmeralda y plateado, estaban por todas partes, adornando la cama, las paredes y las ventanas. El blasón de la familia Black estaba cuidadosamente pintado sobre la cama, junto con su lema, TOUJOURS PUR. Debajo había una colección de amarillentos recortes de periódico, pegados todos juntos hasta formar un irregular colage. Hermione cruzó la habitación para examinarlos.
-Son todos sobre Voldemort, -dijo-. Parece que Regulus ya lw admiraba años antes de unirse a los mortífagos.
Una nube de polvo se alzó cuando se sentó sobre el cubrecama para leer los recortes. Mientras tanto, Harry se fijó en otra fotografía: un equipo de Quiditch de Hogwarts que sonreía y saludaba desde el marco. Se acercó y pudo apreciar las serpientes en los blasones de sus pechos: Slytherins. Reconoció inmediatamente a Regulus como el muchacho sentado en el centro de la primera fila: Tenía el mismo cabello oscuro y se le veía ligeramente altanero como su hermano, aunque era más pequeño, más delgado, y bastante menos apuesto de lo que Sirius había sido.
-Jugaba de Buscador, -dijo Harry.
-¿Qué? –dijo Hermione vagamente; todavía estaba inmersa en el montón de recortes acerca de Voldemort.
-Está sentado en el centro de la fila delantera, es el lugar reservado para el Buscador… No importa, -dijo Harry, dándose cuenta que nadie le estaba escuchando. Ron estaba sobre manos y rodillas, buscando debajo del armario. Harry miró alrededor de la habitación buscando posibles lugares que pudieran servir de escondrijos y se aproximó al escritorio. Una vez más, alguien había registrado este lugar antes que ellos. El contenido de los cajones había sido revuelto recientemente, el polvo había sido removido, pero no había nada de valor allí: viejas plumas, textos caducos que evidenciaban haber sido toscamente manoseados, un frasco de tinta recientemente roto, el pegajoso remanente cubría el contenido del cajón.
-Hay una forma más fácil, -dijo Hermione, mientras Harry se limpiaba los dedos sucios de tinta en los pantalones. Levantó la varita y dijo-, ¡Accio, relicario!
Nada ocurrió. Ron, que había estado examinando los pliegues de las desvaídas cortinas, pareció decepcionado.
-¿Entonces, eso es todo? ¿No está aquí?
-Oh, aún podría estar aquí, pero bajo encantamientos protectores, -dijo Hermione-. Encantamientos para prevenir que sea convocado mágicamente, tú sabes.
-Como el que Voldemort puso sobre el pedestal de piedra en la cueva, -dijo Harry, recordando como había sido incapaz de convocar el falso relicario.
-¿Entonces, cómo se supone que lo encontraremos? -preguntó Ron.
-Buscando manualmente, -dijo Hermione.
-Buena idea, -dijo Ron, poniendo los ojos en blanco, y reanudando su búsqueda en las cortinas.
Durante más de una hora, peinaron cada pulgada de la habitación, pero al final, se vieron forzados a concluir que el relicario no estaba allí.
El sol había ascendido ya; su luz los deslumbraba aún a través de los sucios ventanales.
-Aunque podría estar en otra parte de la casa, -dijo Hermione con un tono animado mientras bajaban las escaleras. Mientras a Harry y Ron se les veían más bien desalentados, parecía que ella se había vuelto mas resuelta-. Tanto si se las ingenió para destruirlo como si no, querría mantenerlo oculto de Voldemort, ¿no es así? ¿Recuerdan todas esas cosas espantosas de las que tuvimos que librarnos cuando estuvimos aquí la última vez? Ese reloj que lanzaba rayos a todo el mundo y esas viejas túnicas que trataron de estrangular a Ron; Regulus podría haberlos puesto allí para proteger el escondrijo del relicario, aunque no nos dimos cuenta en ese… ese…
Harry y Ron la miraron. Estaba parada con un pie en el aire, con la mirada perdida de alguien a quien le hubieran hecho un Encantamiento Desmemorizador, hasta sus ojos estaban desenfocados.
-…en ese momento, -terminó la frase con un susurro.
-¿Te pasa algo? –preguntó Ron
-Había un relicario.
-¿Qué? –dijeron Harry y Ron juntos.
-En el armario del salón de dibujo. Nadie pudo abrirlo. Y nosotros… nosotros…
Harry sintió como si se le hubiera deslizado un ladrillo a través del pecho hacia el estómago. Lo recordaba. Hasta había manipulado la cosa mientras se la pasaban unos a otros, cada cual en su turno intentando espiar en su interior. Lo habían tirado a un saco de basura, junto con la caja de rapé de polvo Wartcap y la caja de música que había hecho que todo el mundo se sintiera somnoliento…
-Kreacher nos robó muchas cosas, -dijo Harry. Era su única oportunidad, la única pequeña esperanza que les quedaba, e iba a aferrarse a ella hasta que se viera obligado a desecharla-. Tenía un escondite lleno de cosas en la alacena de la cocina. Vamos.
Bajó las escaleras corriendo saltando los peldaños de dos en dos, los otros dos yendo como relámpagos a su estela. Hicieron tanto ruido que cuando pasaron por el vestíbulo despertaron al retrato de la madre de Sirius.
-¡Asquerosos! ¡Sangresucia! ¡Canallas! –gritó trss ellos mientras se lanzaban hacia el sótano de la cocina y cerraban la puerta de golpe a sus espaldas. Harry corrió toda la longitud de la habitación, patinó hasta detenerse frente a la puerta de la alacena de Kreacher, y la abrió de un tirón. Encontró el nido de sucias mantas viejas en las que el elfo domestico había dormido una vez, pero ya no brillaban con las baratijas que Kreacher había recobrado. Lo único que había allí era una vieja copia de
-Esto todavía no ha acabado, -dijo Harry, levantó la voz y llamó-, ¡Kreacher!
Se oyó un audible crack y el elfo doméstico que Harry tan reluctantemente había heredado de Sirius apareció de la nada delante del frío y vacío hogar. Diminuto, de la mitad del tamaño de un humano, con la pálida piel colgando de él en pliegues, el cabello blanco brotando copiosamente de sus orejas parecidas a las de un murciélago. Todavía llevaba puesto el inmundo harapo con el que lo habían conocido la primera vez, y la mirada despectiva que le dedicó a Harry demostraba que su actitud ante el cambio de dueño no se había alterado más que su vestimenta.
-Amo, -graznó Kreacher con su voz de sapo, e hizo una profunda reverencia; murmurando contra sus rodillas-, Otra vez en la antigua casa de mi ama con el traidor a la sangre Weasley y la sangresucia…
-Te prohíbo que llames a nadie “traidor a la sangre” o “Sangresucia”, -gruñó Harry. Habría encontrado a Kreacher, con su nariz en forma de hocico y sus ojos inyectados en sangre, un objeto particularmente indeseable aunque el elfo no hubiera traicionado a Sirius ante Voldemort.
-Tengo una pregunta para ti, -dijo Harry, con el corazón latiéndole considerablemente rápido mientras miraba al elfo-, y te ordeno que la respondas con veracidad. ¿Entendido?
-Si, Amo, -dijo Kreacher haciendo otra reverencia. Harry vio que sus labios se movían silenciosamente, indudablemente articulando los insultos que ahora tenía prohibido pronunciar.
-Hace dos años, -dijo Harry, su corazón ahora golpeaba contra sus costillas-, en el salón de dibujo del piso de arriba había un gran relicario de oro. Lo tiramos. ¿Tú lo recuperaste?
Hubo un momento de silencio, durante el cual Kreacher se enderezó para mirar a Harry directo a la cara. Luego dijo, -Si.
-¿Dónde se encuentra en este momento? –preguntó Harry alborozado mientras Ron y Hermione se mostraban alegres.
Kreacher cerró los ojos como si no soportara ver su reacción ante sus siguientes palabras.
-Ido.
-¿Ido? –Hizo eco Harry, el júbilo lo abandonó flotando lejos de él-, ¿Que quieres decir con ido?
El elfo se estremeció. Flaqueó.
-Kreacher, -dijo Harry ferozmente-, Te ordeno…
-Mundungus Fletcher, -graznó el elfo, con los ojos aún fuertemente cerrados-. Mundungus Fletcher lo robó todo; los retratos de
Kreacher estaba tragando para conseguir un poco de aire: su hundido pecho subía y bajaba rápidamente, luego sus ojos se abrieron de golpe y profirió un horripilante grito.
-… y el relicario, el relicario del amo Regulus. ¡Kreacher hizo mal, Kreacher falló en su encargo!
Harry reaccionó instintivamente: cuando Kreacher se abalanzó sobre el atizador que estaba sobre la rejilla, se lanzó sobre el elfo, aplastándolo. El grito de Hermione se mezcló con el de Kreacher pero el rugido de Harry fue más fuerte que el grito de ambos:
-¡Kreacher, te ordeno que te estés quieto!
Sintió que el elfo se quedaba congelado y lo soltó. Kreacher yacía laxo en el frío piso de piedra, con lágrimas brotando de sus ojos hundidos.
-¡Harry, deja que se levante! –susurró Hermione.
-¿Para que pueda golpearse con el atizador? –bufó Harry, arrodillándose junto al elfo-. No creo. Bien. Kreacher, quiero la verdad: ¿Como sabes que Mundungus Fletcher robó el relicario?
-¡Kreacher lo vio! –dijo entrecortadamente el elfo mientras las lágrimas corrían sobre el hocico y se le metían en la boca llena de dientes grisáceos-. Kreacher lo vio salir de la alacena de Kreacher con las manos llenas de los tesoros de Kreacher. Kreacher le dijo al furtivo ladrón que se detuviera, pero Mundungus Fletcher se rió y huyó…
-¿Dijiste que el relicario era del “Amo Regulus”?, -dijo Harry-. ¿Por qué? ¿De donde provenía? ¿Que tenía Regulus que ver con él? ¡Kreacher, enderézate y cuéntame todo lo que sepas del relicario, y qué tenía que ver Regulus con él!
El elfo se sentó derecho, se enroscó formando una pelota, colocó la cara mojada entre las rodillas, y empezó a mecerse hacia atrás y hacia delante. Cuando habló, la voz sonó atenuada pero bastante definida en el silencio, haciendo eco a través de la cocina.
-El Amo Sirius huyó, fue bueno librarnos de él, ya que era un mal muchacho y le rompió el corazón a mi Ama con sus modales desenfrenados. Pero el Amo Regulus tenía la disposición apropiada; conocía las obligaciones que implicaba el apellido Black y la dignidad de su sangre pura. Durante años habló del Señor Oscuro, que sacaría a los magos de su retiro para gobernar a los muggles y a los nacidos muggles… y cuando tuvo dieciséis años, el Amo Regulus se unió al Señor Oscuro. Cuan orgulloso, cuan orgulloso, tan feliz de servirlo…
-Y un día, tras un año de haberse unido, el Amo Regulus vino a la cocina a ver a Kreacher. Al Amo Regulus siempre le gustó Kreacher. Y el Amo Regulus dijo… él dijo…
El viejo elfo se meció más rápido que antes.
-…dijo que el Señor Oscuro requería un elfo.
-¿Voldemort necesitaba un elfo? –repitió Harry, mirando a Ron y Hermione, que parecían tan confundidos como él.
-Oh si, -gimió Kreacher-. Y el Amo Regulus había ofrecido voluntariamente a Kreacher. Era un honor, dijo el Amo Regulus, un honor para él y para Kreacher, que debía asegurarse de hacer cualquier cosa que el Señor Oscuro le ordenase… y luego volver a casa.
Kreacher se meció aún más rápidamente, respirando en sollozos.
-Así que Kreacher con el Señor Oscuro. El Señor Oscuro no le dijo a Kreacher lo que iban a hacer, pero llevó a Kreacher con él a una cueva cerca del mar. Y adentrándose en la cueva había una caverna, y en la caverna había un gran lago negro…
A Harry se le erizaron los pelos de la nuca. Los graznidos de Kreacher parecían llegarle como atravesando el agua oscura. Vio lo que había pasado tan claramente como si hubiera estado allí presente.
-… Había un bote…
Por supuesto que había habido un bote; Harry conocía el bote, de un verde fantasmal y pequeñito, embrujado para llevar a un brujo y a una victima hasta la isla que había en el centro. Entonces, así había sido como Voldemort había puesto a prueba las defensas que rodeaban el Horrocrux, tomando prestada a una criatura prescindible, un elfo doméstico…
-En la isla, había un p-pedestal con una vasija llena de poción. El S-Señor Oscuro hizo que Kreacher la bebiera…
El elfo se estremeció de la cabeza a los pies.
-Kreacher bebió, y mientras bebía, vio algo terrible… El interior de Kreacher ardía… Kreacher gritó para que el Amo Regulus lo salvara, gritó llamando a
-Y luego el Señor Oscuro se alejó en el bote, dejando a Kreacher en la isla…
Harry podía ver como sucedía. Observó la cara blanca de serpiente de Voldemort desvaneciéndose en la oscuridad, los ojos rojos despiadadamente fijos en el derrotado elfo cuya muerte se produciría en pocos minutos, cuando sucumbiera a la desesperante sed que el ardiente veneno provocaba en sus víctimas… Pero, la imaginación de Harry no llegaba a tanto, por lo que no pudo ver como había escapado Kreacher.
-Kreacher necesitaba agua, se arrastró hasta el borde de la isla y bebió del lago negro… y manos, manos muertas, salieron del agua y arrastraron a Kreacher debajo de la superficie…
-¿Cómo escapaste? –preguntó Harry, y no se sorprendió al notar que había hablado en susurros.
Kreacher levantó la fea cabeza y miró a Harry con sus grandes ojos, inyectados en sangre.
-El Amo Regulus le dijo a Kreacher que regresara, -dijo.
-Lo sé… ¿Pero como escapaste de los Inferi?
Kreacher no pareció entenderlo.
-El Amo Regulus le dijo a Kreacher que regresara, -repitió.
-Lo sé, pero…
-Bueno, es obvio, ¿no Harry? –dijo Ron-. ¡Desapareció!
-Pero… no podías Aparecerte dentro y fuera de esa cueva, -dijo Harry-, De otra forma Dumbledore…
-La magia de los elfos no es igual que la magia de los brujos, ¿verdad? –dijo Ron-, Quiero decir, ellos pueden Aparecer y Desaparecer dentro y fuera de Hogwarts cuando nosotros no podemos hacerlo.
Hubo un silencio mientras Harry digería eso. ¿Como podía Voldemort haber cometido un error semejante? Pero incluso mientras lo pensaba, Hermione habló, y su voz era helada.
-Por supuesto, que Voldemort consideraría las aptitudes de los elfos domésticos demasiado inferiores como para tenerlas en cuenta… Nunca se le hubiera ocurrido pensar que podrían contar con una magia que él no poseía.
-La ley principal entre los elfos domésticos es el vínculo con el Amo, -entonó Kreacher-. A Kreacher se le dijo que regresara a casa, así que Kreacher regresó a casa...
-Bueno, entonces, hiciste lo que se te había ordenado, ¿verdad? –dijo Hermione gentilmente-. No desobedeciste las órdenes en ningún momento.
Kreacher sacudió la cabeza, meciéndose mas rápido que nunca.
-¿Entonces que pasó cuando regresaste? –Preguntó Harry-. ¿Qué dijo Regulus cuando le contaste lo que había pasado?
-El Amo Regulus estaba muy preocupado, muy preocupado, -graznó Kreacher-. El Amo Regulus le dijo a Kreacher que permaneciera escondido y que no saliera de la casa. Y luego… fue un tiempo después… el Amo Regulus vino a buscar a Kreacher a su alacena una noche, y el Amo Regulus estaba raro, no parecía el de siempre, perturbado en la mente, Kreacher se dio cuenta… y le pidió a Kreacher que lo llevara a la cueva, la cueva a la que Kreacher había ido con el Señor Oscuro…
Y así partieron. Harry podía visualizarlos bastante claramente, el asustado viejo elfo y el delgado y moreno Buscador que tanto se había parecido a Sir





Escribe un comentario
Los comentarios están cerrados